martes, 25 de abril de 2017

INSTITUTO DEL CÁNCER

En sucesivos capítulos iré desgranando el Instituto del Cáncer y cada uno de los edificios que lo componían

 

domingo, 5 de marzo de 2017

LA MISTERIOSA CAPILLA DE LA MONCLOA


Hace casi tres años que empecé, de manera casual, la investigación sobre Parisiana, un club-casino muy de moda desde que se inauguró en 1907, en terrenos de la Moncloa y que, en 1924 fue cedido al Instituto del Cáncer. Todo se remonta a raíz de leer varios tuits -en el verano de 2014- de unas personas del AECID (antiguo Instituto de Cultura Hispánica), a las que no conocía personalmente, y que comentaban el devenir de Parisiana. A los pocos días me reuní con ellas en la biblioteca de la propia sede, acompañada de un montón de fotografías y planos antiguos que había imprimido y repartí para poder hablar del tema. ¡Gracias, Estíbaliz y Charo -entre otras personas- por meterme el gusanillo por Parisiana!

Ellas, en sus artículos “La Parisiana” 
y  “Buscando Parisiana encontramos a Mayrit”
fueron el inicio de la investigación y de mis desvelos hasta hoy.

Buscar datos de Parisiana, que se mostraba muy esquiva, llevó a seguir investigando la zona de Moncloa comprendida entre las avenidas de los Reyes Católicos y del Arco de la Victoria y que bauticé como la “Colina de Parisiana”: el propio club, el Asilo de Santa Cristina, los institutos del Cáncer y Rubio, y el Tiro Nacional. En cierto modo, descubrí que el Parisiana tenía algo que ver con todos ellos.

Paralelamente, don “Florentino Areneros” del GEFREMA y gran experto del Frente de Madrid en la Ciudad Universitaria, desconocía por completo qué “pintaba” una iglesia en la zona cercana al Faro de Moncloa, así que, paralelamente a la búsqueda de datos sobre Parisiana, me puse a investigar la misteriosa capilla de vida efímera. La contienda fraticida nunca ha sido tema de mi devoción, además, mis estudios siempre se remontaban a fechas mucho más remotas. ¡Gracias, “don Floro” y su magnífico blog Sol y moscas http://florentinoareneros.blogspot.com.es/ por ilustrarme sobre la “guerracivilmaquia”!

¡Gracias, Álvaro Bonet -arquitecto- por tu perfecta descripción de la portada de la Capilla! Como yo no he estudiado Arquitectura, me cuesta mucho explicar los elementos arquitectónicos porque mi vocabulario en ente sentido, es muy básico.

Finalmente, debo agradecer a Rosario Fernández del Departamento de Documentación y, sobre todo, a Ana Pérez, del mismo departamento y encargada de la gestión de imágenes, por su amabilidad al proporcionarme las fotografías de los fragmentos del retablo y del Crucifijo de la antigua Capilla del Instituto del Cáncer que se hallan en el Museo Nacional de Escultura de Valladolid. Para mí ha sido una sorpresa descubrirlos pues, al empezar la investigación de esta misteriosa capilla, di por hecho que todo había desaparecido en la Guerra Civil.

En próximas entregas iré desgranando el resto de esta zona que fue Frente de Madrid. El grupo Historias Matritenses, en Facebook, también me ha ayudado mucho. ¡Muchas gracias, chic@s por haber conseguido en un hilo que ha sobrepasado los 500 mensajes -todo un récord- qué era un hotelito acribillado a cañonazos en medio de una desoladora manzana:

 Cualquier aportación o corrección sobre el tema, serán siempre bienvenidos.

Madrid, 6 de febrero de 2017





viernes, 4 de noviembre de 2016

Nuevo número de Madrid histórico



Ya está en la calle el nuevo número de la revista Madrid histórico y, entre los muchos artículos que contiene, está el mío sobre la centenaria y desaparecida Papelería Bargueño en la calle de Carretas. Espero que os guste y, como siempre, ¡gracias por leerme!


miércoles, 27 de julio de 2016

FERIA DE LIBROS DE LA CUESTA DE MOYANO



«En la calle de Claudio Moyano se instaló en 1925 la feria permanente de libros antiguos y usados. Las casetas -de quince metros cuadrados- fueron diseñadas por el arquitecto Luis Bellido. Las primeras casetas carecían de luz eléctrica, motivo por el cual cerraban al anochecer, tampoco tenían calefacción y no podían ser subarrendadas, tal como fijó el reglamento municipal.

»En agosto de 1986 las primitivas casetas fueron derribadas y levantadas unas nuevas con mayores comodidades y luz incluida. Las nuevas casetas se construyeron imitando el aspecto externo de las antiguas, de tal forma que no se notó la diferencia entre las primitivas y las nuevas. Sin embargo, así como las antiguas casetas eran todas de madera, las nuevas son de madera en su fachada —imitando a las antiguas— y ladrillo en su parte trasera. Del derribo de las casetas se salvaron dos, una de las cuales se conserva en el Museo Municipal como recuerdo y la otra fue subastada».[1]

Hace unos días, a través de tuiter, me he enterado de la existencia de Territorio Moyano http://territoriomoyano.org una web de los libreros de la “cuesta bibliófila madrileña”. Se trata de una iniciativa interesante que busca revitalizar la Cuesta de Moyano. Para lectores y escritores, la Cuesta de Moyano es un lugar que no debiera desaparecer nunca. El sitio perfecto para pasear cómodamente cuesta abajo, mirando los libros de las casetas y sus mesas auxiliares, preguntando por un título determinado y comprando aquel que se buscaba desde hacía tiempo o  el que le ha llamado la atención en ese momento.

Hoy la Cuesta de Moyano se ha modernizado, está en internet y en la redes sociales, lo que facilita la compra de algún libro a través de correo electrónico y acercarse luego a la “cuesta” a recogerlo, y, de paso, charlar con el librero. Yo he comprado algunos libros por este sistema pero eso no quita para que vaya por allí de vez en cuando. Ir a la “Cuesta de Moyano” es volver a casa con un libro o dos, fijo.

Como lectora, antes que escritora, me da mucha pena ver cómo el libro de papel está agonizando lentamente y sin solución. La crisis se cebó en el sector editorial, cerraron muchas librerías en toda España y desaparecieron editoriales. La llegada del libro electrónico se presagió como el fin del libro impreso. Sin embargo, si el descenso de ventas del libro tradicional en la actualidad no se corresponde con un aumento libros electrónicos vendidos, es que algo falla.

Y eso que falla se llama nomofobia, es decir, la incapacidad de vivir sin el móvil. Según las últimas estadísticas, cada persona mira su móvil un promedio de 150 veces al día (yo debo ser de las pocas personas que aún sigue usando un Nokia que, por cierto, va a cumplir 11 años en octubre y solo lo enciendo cuando salgo de casa). La gente invierte su tiempo libre en hacerse autofotos compulsivamente (me niego a llamarlas selfies) y subirlas de inmediato a las redes sociales al tiempo que se envían guasaps frenéticamente a diestro y siniestro. Estamos en la cultura de los 140 caracteres, los guasaps y las autofotos. El tiempo que antes se invertía leyendo reposadamente un libro se destina ahora al móvil. Y la adicción que está creando el Pokémon Go es solo el comienzo de muchas más novedades, todas relacionadas con el móvil, que irán llegando.

Soy pesimista y lamento decirlo, al libro tradicional le quedan dos telediarios, como se suele decir coloquialmente. Ni siquiera me queda el consuelo de pensar que el ebook sea el futuro. Editoriales y librerías venden cada vez menos libros. Se trata de un hábito -el de la lectura- que ha sido arrollado salvajemente por el móvil y sus miles de aplicaciones. No se venden libros porque la gente no tiene


[1] Diccionario enciclopédico de Madrid. Isabel Gea.